“Mientes demasiado”.

Dos sencillas palabras que nada más ser pronunciadas le destrozaron el corazón.

“¿Esa es la impresión que te he dado?”.

Preguntó con el corazón todavía más roto. Le miró con lágrimas en los ojos, a punto de salir.

“Esa es la impresión que me has dado”.

La respuesta fue demasiado dolorosa. Una lágrima resbaló por su mejilla izquierda.

“No tenía intención de parecerte una mentirosa”.

Se levantó del sillón donde había estado sentada durante toda la tarde y se dirigió hacia la puerta.

“¿A dónde vas?”.

Oyó la pregunta, aunque ni siquiera se giró. Abrió la puerta.

“Soy una mentirosa. Podría decirte la respuesta y no me creerías”.

Oyó un suspiro y salió de la casa. La oscuridad de la noche de invierno la envolvió por completo.

“Pues no me lo digas. Te seguiré”.

Comenzó a caminar, oyendo sus característicos pasos detrás suyo.

“Adelante, pues”.

Lloraba con más intensidad. Su rostro se mostraba rojo, una mezcla de vergüenza y tristeza.

“¿A dónde vas?.

Sonrió amargamente. No quiso girarse, no quería que él la viera en aquel estado.

“Me estás siguiendo. ¿Para qué quieres que te responda si pronto lo verás?”.

Siguió su camino. Ya casi no le quedaban lágrimas cuando llegó al puente Golden Gate.

“¿Me piensas decir qué hacemos en el Golden Gate?”.

Se subió sobre la barandilla que protegía a las personas de caer al agua. Oyó un grito detrás suyo.

“¿Qué hacemos? Querrás decir, qué hago en el Golden Gate”.

Vio los intentos del muchacho, intentando detenerla de tirarse al río. Pero no sirvieron.

“Tranquilo. Esta mentirosa jamás volverá a molestarte”.

Inspiró con fuerza y cerró los ojos. Abrió sus brazos y se agachó ligeramente, cogiendo impulso.

“¿Qué haces? Estás loca. ¡Baja ahora mismo!”.

Sonrió tristemente y se giró una última vez. Las lágrimas ya no se veían en aquel rostro desencajado.

“Adiós”.

Un salto hacia el vacío. El grito del muchacho resonó en la inmensa oscuridad de la noche. Se apoyó en la barandilla, mirando el río, en busca de alguna muestra de la chica.

Pero ya no había nada.

La había perdido.

La había matado.

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