Una batalla perdida, no la guerra

Un sol radiante, un cielo despejado. Un día perfecto.

Un cementerio vacío, unas tumbas silenciosas. Un día perfecto.

Nieve a mis pies, nieve a mi alrededor. Un día perfecto.

Muertos despertando, fantasmas saliendo. Un día perfecto.

Demonios por todas partes, espíritus sonriendo maliciosamente. Un día perfecto.

Succionando las almas de los humanos, quitándoles la vida. Un día perfecto.

Las tormentas comienzan, ya se oyen los primeros truenos. Un día perfecto.

Ráfagas de viento, las primeras gotas cayendo. Un día perfecto.

La guerra comienza, hemos sido liberados. Un día perfecto.

El infierno se vacía, todos están escapando. Un día perfecto.

La puerta del inframundo ha sido abierta, nos han despertado. Un día perfecto.

 

Pero la tormenta cesa, los truenos dejan de sonar. ¿Qué sucede?

Los demonios están regresando, los espíritus están desapareciendo. ¿Por qué?

La puerta se cierra, están siendo succionados. ¿Quién?

– Vuelves a perder, Paola DiStefano.

Y, por supuesto, no podía ser otro que Castiel Salvatore.

– Solo esta batalla, Castiel. No la guerra.

Un disparo en la cabeza, otro en el corazón.

Mi alma abandona este cuerpo, se aleja volando, atravesando otra vez la puerta del inframundo.

Pero volveré.

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