Because you are my angel

– Es, sin embargo, un tanto extraño.

Me atrevo a decir. Me miras, con una expresión de sorpresa en tu rostro.

– ¿Por qué? Son, simplemente, mis creencias.

Te encoges de hombros y sonríes de aquella manera tan especial y que tanto me encanta.

– Pues vaya creencias más raras.

Parece divertirte la situación. No puedes dejar de sonreír mientras sigues preparando el café.

– No son raras. Lo único que yo solo creo en lo que veo.

La máquina ruge mientras escupe el café negro en la taza donde previamente habías puesto algo de chocolate fundido.

– Vaya. ¿Y por eso puedes creer en demonios pero no en ángeles?

Metes otra cápsula en la máquina, esta vez una de café con aroma a caramelo. Para mí.

– Exacto. He visto demonios, pero nunca ángeles.

Colocas la taza antes de que caiga el café, siempre con una sonrisa iluminando tu rostro.

– ¿Y por eso significa que no existen?

Remueves un poco mi café al que le acabas de echar azúcar antes de entregármelo.

– Te lo repetiré tantas veces como haga falta. Yo solo creo en lo que veo.

Y dándole un sorbo a tu café, desapareces en dirección al comedor. Parece mentira, pero al final resultará ser verdad: parece que ya no recuerdes que antaño fuiste un demonio. Y que yo fui tu ángel.

Y que abandonamos nuestras vidas en nuestros mundos para empezar una nueva, juntos. Pero, sin dejar de ser tu ángel de la guarda.

Sin dejar de ser nunca tu ángel.

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