I want to be happy

Dos pequeñines jugando: él, dulce y amable; ella, arrogante y manipuladora. Una pareja de niños pequeños perfecta.

Él le entrega un juguete, no sé cuál, a ella. Ella lo coge y lo destroza delante de la insistente mirada de él. Rompe a llorar.

Ella estalla en una extraña y malévola risa. Le divierte el estado de su compañero de juegos. Y él no deja de llorar, cada vez más fuerte.

– Paola, ¿por qué está llorando?

Pregunta la madre de ella. Abraza al pequeño mientras sigue interrogando a su hija.

– Porque le he roto su juguete favorito.

La madre deja al chiquitín e intenta arreglar el juguete. Tras diez minutos, lo da por imposible.

– Pídele perdón.

Los abandona en la habitación que denomina “Habitación de juegos”. Ella, la pequeña Paola, se acerca al joven muchacho que sigue llorando en un rincón de la habitación.

– Mamá me ha dicho que debo pedirte perdón. ¿Lo tengo que hacer, Castiel?

El juguete roto, en manos de Paola, se ha reconstruido milagrosamente. Aunque el pequeño Castiel sabe cómo ha ocurrido.

– ¿Mamá ha pedido eso?

Paola parece enfurecerse. Y, en realidad, a Castiel no le sorprende. Ha llamado “mamá” a una mujer que no lo es.

– No es tu mamá, es mi mamá.

Los ojos de Castiel se inundan de lágrimas, pero no las deja escapar. Las reserva, rezando para no soltarlas ante la perversa Paola.

– También me cuida a mí.

Paola sonríe maliciosamente. Sabe que las palabras que dirá le destrozarán el corazón a Castiel.

– Solo te cuida porque tu mamá está muerta.

Y, evidentemente, Castiel se echa a llorar. Desconsoladamente. Paola le entrega el juguete ahora arreglado y se aleja lentamente del chico.

– ¿Por qué me lo devuelves?

Pregunta atónito y sorprendido. Le da mil vueltas al juguete hasta que decide volver a posar la mirada en la chica que ahora se aleja de él.

– Parece importante para tí.

Sin pensar, Castiel echa a correr detrás de Paola. La alcanza y la envuelve con sus brazos. Aprieta su rostro en el hombro de ella. Lo que no puede ver ni saber desde esta posición, es que la respiración de Paola se ha acelerado, igual que el pulso que hasta ahora llevaba su corazón.

– Gracias. Por el juguete. Por dejarme un poco de tu mamá. Por todo.

Paola sonrie, contenta. Tras cinco minutos en la misma posición, se separa de los brazos de Castiel y se va de la habitación. Por primera vez, siendo feliz.

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