I will return, Katherine

Ver a Iron en la entrada de mi instituto me descoloca un poco: han pasado tantas cosas que no recordaba haberle citado aquí.

Me acerco y rápidamente me da dos besos. Es sorprendente lo lanzado que es conmigo, teniendo en cuenta lo tímido que suele ser (y que, de hecho, es).

Iron sonríe, lo que es extraño. Normalmente baja la cabeza, mira sus zapatos e intenta no hablar demasiado. Parece otro Iron.

– Vaya, estás… muy alegre, Iron – suelto de repente, arrepintiéndome de mis palabras. No quiero que mi comentario le siente mal.

– Bueno, Katherine, verte siempre es agradable.

Velozmente se sienta en uno de los bancos que hay en el patio del instituto. Le sigo, sentándome a su lado, sintiendo la madera caliente en mi trasero.

– ¿Va todo bien? Recuerdo haberte dicho…

– Sí, lo recuerdo – dice, interrumpiéndome -. Por eso estoy aquí. Por… eso.

Aquella seguridad con la que ha atravesado la puerta del instituto ha desaparecido e ido a otro lugar. No sé a cuál, pero se ha esfumado.

Iron tiene la frente perlada de sudor. ¿Qué le atemoriza tanto como para estar en este estado?

– No lo soporto más. Demasiados… vampiros. Y brujas. Y hombres lobo. E híbridos. Demasiadas cosas sobrenaturales.

– Lo sé… – digo, sintiendo las palabras de verdad -. Pero sabes que siempre podrás contar conmigo, ¿verdad?

Al mirarlo, veo una sonrisa adornando su fino y pálido rostro. De nuevo y desde hace un par de semanas, no puedo evitar sentirme atraída hacia este rostro que me sonríe cariñosamente.

– Gracias – me agarra la mano, en un simple gesto de agradecimiento. Pero no puedo evitar sentir un escalofrío… agradable -. Eres increíble.

– Lo sé – respondo, intentando volver a mostrarme como yo misma, una chica alegre y despreocupada.

Iron sonríe, no de aquella manera tímida que siempre le he visto, sino con firmeza.

– Voy a huir.

– ¿Qué?

Mi pregunta queda ahogada por el sonido de la campana, que resuena en todos los rincones del instituto, anunciando el cambio de clase.

– Que voy a huir – y la seguridad con lo que lo dice, me afirma que lo dice de verdad.

– ¿A dónde? – pregunto, estúpidamente. La idea de no volver a ver jamás a Iron se hace algo insoportable -. Quiero decir… me gustaría poder visitarte.

– ¿Y traerme de nuevo todo lo sobrenatural? – cuando lo dice, algo se me clava en el corazón -. Lo siento, no quería decirlo así.

Sacudo la cabeza una, dos tres veces. Pero parece no ser suficiente: no quiero perderle. Aunque aún no sepa por qué.

– No te preocupes. Lo entiendo – digo, intentando volver a una realidad que se me desmorona por momentos -. Si quieres huir y desaparecer, no sería bueno que yo estuviese por en medio.

– El problema es que quiero que estés por en medio.

– ¿Qué?

Y de nuevo, el segundo timbre ahoga mi pregunta. Puede que la haya oído, aunque no puedo estar segura. Los alumnos corren de un lado a otro, intentando no llegar tarde a sus respectivas clases. Pero a mí me es imposible moverme del banco, de su lado.

– ¿Qué? – pregunto de nuevo, esta vez para estar segura que me ha oído.

Sus ojos se cruzan con los míos apenas un instante, uno que se me antoja eterno. Podría perderme en esos ojos y jamás echar de menos la civilización.

– Que, aunque huya, me gustaría que tú estuvieses ahí. Aunque ello significase estar eternamente ligado a lo sobrenatural.

Sacudo la cabeza, en otro intento de regresar a la realidad.

– ¿Por qué? – consigo pronunciar, tartamudeando.

Pasan interminables cuatro segundos antes de oír su voz pronunciando unas palabras que suenan demasiado celestiales para ser ciertas.

– Porque creo que me estoy enamorando de tí, Katherine.

Otros interminables segundos antes de mi respuesta.

– Yo también creo que estoy enamorada de tí, Iron.

Me parece imposible haber pronunciado esas palabras pero, es cierto. Las he dicho. Y no me siento mal, ni avergonzada. Me siento… libre, feliz.

Iron me mira, con unos ojos esperanzados, llenos de vida. Desearía realmente perderme en ellos y no regresar jamás.

Cuando se levanta del banco y me agarra de la muñeca para tirar de mí, inevitablemente (o tal vez lo tenía planeado, nunca lo sabré) nuestros labios se juntan tan solo un segundo.

Pero el deseo es mutuo, y soy algo insaciable. Así que tiro de su camiseta y devoro sus labios, una y otra vez

– Regresaré a por tí, Katherine.

Un beso más, antes de verle salir por la puerta. Grito, sin importarme si me oyen los alumnos o los profesores.

– Espero que lo hagas, Iron.

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