Y marchar a cualquier otra ciudad

Mordí el trozo de pizza con ganas. Thomas, delante de mí, rió a carcajadas.

– Cuidado, Elena. No querrás morder tu dulce, deliciosa y sabrosa lengua, ¿verdad?

Se incorporó y me besó apasionadamente. Sus labios sabían a pizza barbacoa, que, juntándose con los míos, que sabían a pizza hawaiana, creaban un exquisito sabor.

– Cómo cuidas de mi lengua, Thomas.

Otras muchas carcajadas mientras terminamos la cena. Era una sensación agradable. Jamás había conseguido conectar así con alguien que, al principio, tan solo había sido otro tonto con el que acostarme.

El camarero se llevó los platos de pizza, ya terminada, y nos trajo cerveza. No tardó en destapar la suya y dar un largo trago.

– ¿Quieres emborracharte? – pregunté pícara -. Tranquila, borracho o no, me pienso acostar contigo.

Otra carcajada y un fogoso beso.

– Gracias. Ya creía que hoy no habría sexo.

Oh, claro que lo habrá. Solo que aquella noche pensaba huir de su hotel y marchar a cualquier otra ciudad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s