De la mejor y más perfecta manera

Mi pie lleva el ritmo de la música que este bar emite. No sabría identificar qué cadena de radio suena.

Pido un vaso de Vodka, aunque, sinceramente, cualquier alcohol me sirve. El camarero (el increíblemente atractivo camarero) me lo sirve y desaparece por la barra, sirviendo a otros clientes.

Estoy tan metida en mis pensamientos que ni siquiera he sido capaz de advertir la presencia de Iron a mi lado, seguramente desde hace rato.

– ¿Vodka? ¿De verdad? – dice sonriendo. Que guapo está cuando sonríe.

– Vamos. Déjame celebrar que Elena, mi más gran perdición, se está muriendo.

Doy un trago al vaso y pido otro para Iron. El mismo camarero de antes (¿me ha guiñado el ojo? Joder, espero que sí) lo sirve y vuelve a desaparecer.

Iron tímidamente sorbe su vaso.

– Oh, no seas así – dice, dejando sobre la barra el vaso – Elena era mi amiga.

Le miro con los ojos abiertos al máximo.

– Exacto, era – de un solo trago termino el contenido de mi vaso -. Te traicionó, igual que a mí. No intentes defenderla ahora.

– ¿Quién ha dicho que la esté defendiendo?

Parece compartir la misma felicidad que siento yo por la inminente muerte de nuestra más horrible pesadilla, Elena.

Una camarera (joder, quería al camarero de antes) nos llena los vasos.

Centro mi mirada en la sonrisa de Iron. Nunca pensé que él podría sentirse feliz con la muerte de alguien, sabiendo por las muchas muertes que ha pasado, incluyendo la de sus padres y su tutor legal.

Doy un corto trago al vaso antes de continuar hablando.

– ¿Sabes? Querían que les ayudara. Que le ofreciera mi sangre para así salvar su patética vida – Iron hace amago de querer hablar, pero le detengo -. ¿Cómo han sido tan idiotas de creer que les ayudaría? ¿Acaso llevo un cartel sobre mi frente que pone “Ayudo a mis enemigos”?

Iron suelta una ligera carcajada antes de darle un largo trago a su vaso y levantarse de su asiento.

– Oye, pues si vas a celebrar su muerte, no lo hagas en este antro de mala muerte.

– ¿Dónde sugieres, Iron? – pregunto, pagando los tres vasos de Vodka que nos hemos bebido.

Desde la puerta de salida me guiña un ojo.

– Vamos, no te quedes atrás.

Salimos del bar y me lleva hasta su coche. Subimos y se pone a conducir hacia, lo que parece ser, su casa.

Sonrío pícara. Oh, parece que ambos lo queremos celebrar de la mejor y más perfecta manera.

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