A mí también me toca ser feliz

Y sin saber cómo, de golpe y porrazo, llega un día en que la tristeza se desvanece. Y no lo sabes, desconoces el motivo, pero tus labios no pueden dejar de sonreír, siempre curvados hacia arriba. Llega un día en que las lágrimas dejan de caer, desaparecen, y como que la vida parece volver a recobrar su sentido, como si tus problemas nunca hubieran existido. Ese momento en el que alguien te tiende la mano. Y entonces la culpabilidad por reírte mientras otros lloran te mata por dentro. Pero, ¿sabéis qué? Ya he llorado suficiente tiempo como para preocuparme de esas cosas. Soy feliz, y punto. Cada uno llora lo que le toca llorar. Y, por el momento, mis lágrimas han terminado. ¡Al infierno con todo! ¡A mí también me toca ser feliz!

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