Pondo, el panda asesino #textoliterario

Había una vez, en un país muy lejano (porque todos los cuentos suceden en países muy lejanos, no porque tenga nada en contra de mi maravillosa Terrassa o la capital catalana, Barcelona), un pequeño panda llamado Pondo (lo sé, no es muy original que digamos. Pero a mí me gusta, ¿vale?) que buscaba algo más. Estaba aburrido de esa fama de dormilón y glotón. Quería cambiar su apariencia y que el mundo lo viera con otros ojos.

Y el maquillaje. Pondo odiaba tener que pintarse cada mañana al despertar esos horribles círculos negros alrededor de sus pequeños ojos. Sí, cierto, le sumaba cien puntos de monosidad. Pero él no se sentía cómodo. Se sentía falso. Y quería mostrarse al mundo tal y como era.

Un día, Pondo decidió que era hora de cambiar todo eso. Se levantó (le costó porque, no olvidemos, es un panda) y caminó en línea recta, sintiendo el frío tacto del agua sobre sus patitas gordinflonas de oso (sí, ahora está en la playa. Lo teletransporto todo lo que quiero, porque esta es mi historia). Caminó y caminó hasta que, de repente, se encontró delante de una casita.

¿Y quién vive en esa casita?, os estaréis preguntando. Pondo llamó a la puerta y una gatita muy mona la abrió. Oh, amor a primera vista por parte de Pondo. Porque el amor no entiende ni de edades ni de especies. Y un panda puede amar a una gata, perfectamente. La gata, después conocida como Sara, le permitió entrar y le sirvió un plato de sopa de bambú. Pondo, para conquistarla, le hizo un lazo con las sobras del bambú empleado para la elaboración de la sopa. Pero Sara no se dejó impresionar. Y entonces descubrió la verdadera identidad de Pondo.

Era el famoso ladrón de bancos y asesino en serie, conocido como Pondo, el panda asesino. Sara intentó defenderse, pero no lo consiguió. Mientras contemplaba, maravillada, los rechonchetes brazos de Pondo, éste había fabricado una espada de bambú y se la clavó en el corazón. Posteriormente, se lo comió.

Y así es como Pondo descubrió que él ya era un panda diferente. Solo que la amnesia le fastidiaba en algunos momentos y a veces olvidaba su verdadera identidad.

Pondo fue feliz robando bancos y asesinando a gente al tuntún. Y aquí termina la fantástica y maravillosa historia de Pondo, el panda asesino.

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