El tiempo cura todos los males #textoliterario

Parecía poseído. Todo lo que veía lo tiraba al suelo. Ni siquiera me importaba que no fuera mi apartamento: no podía reprimir mi rabia. Y si el apartamento quedaba destrozado por mi culpa, así sería. No tenía intención de parar.

Kate, tras varios intentos de evitar que rompiera algo más, se dio por vencida. Y aquello me enrabió todavía más: significaba que ya no iba a luchar más por la causa.

– ¿Cómo has podido hacerlo?

Susurré. No me quedaban fuerzas para seguir gritando la misma frase una y otra vez. Creí que ya se la debía de saber de memoria. Me sentía vulnerable, quería llorar. Y en aquel instante pensé en si los hombres también llorarían en público.

– Logan, no… No lo hice, ¿vale? Ya no sé con qué palabras decírtelo.

– ¿Quieres que no crea en lo que vi?

Me derrumbé en el suelo, con la espalda apoyada en la pared de la cocina. Las piernas me temblaban, no me sentía con las energías para volver a levantarme y seguir enfrentándome a Kate y sus mentiras.

Apoyé la mano en el suelo y se me clavó un trozo de cristal en la palma. Grité de dolor y de rabia. Comparé ambos dolores, el de una palma sangrante por un estúpido trozo de cristal y el de un corazón roto en mil pedazos y que sería dificil de recomponer.

– Le besaste, Kate. Besaste a mi mejor amigo.

– James y yo no nos besamos. Pero supongo que por más veces que lo diga seguirás sin creerme.

– Exacto.

Se sentó a mi lado, apartando antes todos los cristales de en medio. No quería ese contacto suyo, solo me pondría más triste. Pero a la vez lo necesitaba. Necesitaba volver a sentir, aunque fuera por última vez, su cuerpo contra el mío.

Acarició mi temblorosa rodilla con firmeza. Parecía una pesadilla que no iba a terminar. Mi novia engañándome con mi mejor amigo, y yo no podía dejar de temblar y lloriquear. Y Kate estaba tan tranquila ante la situación que me parecía incluso irreal.

– ¿Y qué vas a hacer? ¿Romper conmigo?

Por primera vez la vi temblar. Una lágrima descendió por su fino rostro y me maldije por verla sufrir y saber que la razón de su lágrima era yo. Pero ya no había vuelta atrás. La decisión estaba tomada, y no iba a retroceder.

– Supongo…

La abracé y besé, a esos labios tan familiares y que tantas alegrías me dieron en su momento. Iba a perder a Kate, qué más daban ya mis acciones a partir de aquel momento. Me levanté del suelo, viendo como una gota de sangre por la herida del cristal en mi palma caía al suelo, al lado de Kate. Salí del apartamento y la dejé ahí, envuelta del desastre.

Me quedaba hablar con James, decirle que tenía el camino libre para terminar lo que empezó con Kate. Pero a medida que caminaba por los pasillos del bloque de pisos iba quedándome sin ganas de nada. Me senté en un escalón cualquiera de bajada del noveno piso y me quedé a ver el tiempo pasar. A esperar a que el tiempo, como bien dice el refrán, pusiera las cosas en su sitio.

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