Dejar de escribir #personal

Hace dos días estuve enferma, con un poco fiebre y sin ganas de hacer nada. Lo típico cuando enfermas, ¿no? Pero bueno, no vengo a hablar de mis días de enferma, sino de lo que ocurrió en un momento dado durante esos días.

Cogí un cuaderno y me senté en el sofá de mi casa para escribir cosas, historias que tenía en mi cabeza desde hacía tiempo y que tenía que descargar ya. Empecé y mi mano ya no podía detenerse, llenaba las líneas en blanco de palabras que transmitían algo.

Pero, de repente, me detuve. Me tomé dos segundos para leer aquello y decidir que era pura mierda. Tiré el cuaderno al suelo y lo pataleé, varias veces, mientras me gritaba: “¡Pero qué puta mierda escribo!”. 

En ese momento me dije mil y una veces que no sé escribir, que para qué malgastar minutos de mi vida en utilizar palabras hermosas que no se merecían ese destino tan horrible. Sentí que había desperdiciado mi tiempo en fingir que escribía bien y que, además, me sentía orgullosa de mis textos. Que mi verdadera vocación estaba aún por descubrir y que yo me había detenido en algo que era insignificante en mi vida.

No es la primera vez que siento eso, pero sí que ésta fue la primera vez que fue tan intenso. Ese momento en el que crees saber la verdad absoluta, y ni los argumentos más válidos y mejor fundados podrían hacerte cambiar de opinión.

Terminé sentándome en el sofá y me tranquilicé con una manzanilla. Creí que era el momento de analizar mi texto con más paz interior, no pisoteando un cuaderno que lleva en mi vida desde hace siete años.

Entonces descubrí que eso es lo que sucede con los sueños. Comienzan como eso, algo inalcanzable, algo tan lejano que hasta parece imposible. Y poco a poco te vas acercando a esa estrella brillante, y llega un momento en el que piensas: “Tiene que ser perfecto”. Y en los intentos de que así sea, te golpeas a ti mismo por creer que no lo haces así.

No es la primera vez que había pensado dejar de escribir, pero sí la primera que me lo planteé muy en serio. ¿Qué hace la escritura en mi vida? ¿Ayudarme a desfogarme? Hay otras maneras de hacer eso, ¿sabéis? Pero no sé por qué, me siento terriblemente atraída hacia las palabras escritas, hacia las hojas en blanco que luego se llenan de mis historias.

Puede que algún día deje de escribir, que tire los bolígrafos y los cuadernos a la basura y escoja otro hobby, pero por el momento, y aunque tendré otros ataques de rabieta como éstos, no quiero dejar de mover mi mano sobre las hojas blancas que me sirven de vía de escape de un mundo del que me gusta huir de vez en cuando.

(Éste es el momento en el que me disculpo por el desorden de mi entrada y de mi mente atormentada. Lo siento).

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