Esa persona que te lleva a ser quien eres hoy #personal

¿Sabéis esa persona que en cuanto la conocéis sabéis que vuestra vida ya no será la misma? Esa persona que, siendo como es, os cambia vuestros ideales y ya nada vuelve a ser igual. Esa persona que, sin saber nada de ella, ya quieres conocerla.

Cuando tenía doce años y empecé el instituto a lo lejos vi a una chica que, incluso yo siendo joven, ya me atraía. Tenía doce años, era inocente, y ni siquiera sabía si era una atracción o pura envídia. Podía serlo todo o no ser nada.

En las colonias de ese mismo años tuvimos que compartir habitación (junto a más chicas, mentes pervertidas). Y la atracción seguía creciendo. Yo no consideraba que fuera amor, simplemente era una chica que me gustaba, creía que era muy guapa (creía y sigo creyendo) y ya está.

Pero ese fue el comienzo de mi bedición o desgracia.

Esa chica fue el principio. No la consideraba como una posible novia, pues a mis doce años yo era tan joven e inocente que ni siquiera consideraba la posibilidad de no ser heterosexual. Mi mente era así de cerrada, qué queréis que os diga. Pero fue a partir de entonces cuando las chicas se convirtieron en algo distinto para mí. Había chicas que me gustaban tanto que parecía hasta imposible. ¿Yo, una chica, enamorándome de otras chicas? ¡Mi yo de doce años jamás me lo hubiese permitido!

Simplemente lo consideré una etapa de las mías. Una fase de la edad del pavo, como dirían algunos. Pero era fase nunca terminaba. Y llegó el día en que mi mejor amiga, Lara (y su nombre sí lo pongo porque me lo ha permitido. El otro nombre no me quiero arriesgar por si la chica en cuestión, a pesar de ya saberlo, se enfada conmigo), me confesó su atracción por mí. Debería haberme quedado a cuadros, ¿verdad? Decirle que las mejores amigas no salen juntas como si fueran novias. Pero, lejos de tener una reacción así, le respondí: ¿Por qué no lo intentamos?

Tenía 14 años y podía permitirme el lujo de experimentar, por así decirlo. Era el momento de saber qué sentía por el sexo femenino, un sexo que desde dos años atrás me empezaba a gustar. Y lo intentamos. Lara y yo formamos una bonita pareja que no duró ni dos días. ¡No sabíamos ser pareja! Nos habíamos pasado toda la vida siendo las mejores amigas, que ya no nos quedaba nada por hacer, salvo los besos.

Y éstos me gustaron. Sentía que los besos que me daban las mujeres (no siempre usaré el término chicas) me gustaban de igual manera que el de los chicos. Así fue mi comienzo en el mundo de la bisexualidad.

¿Y por qué os estoy narrando todo ésto? Pues por la simple razón de que la chica del principio de este texto, la que me llevó a ser quien soy ahora, la anónima por así decirlo, ya es consciente de la importancia que tuvo en mi vida. Día 15 de mayo, después de seis años, tocaba confesárselo, y eso hice. Me costó, porque no sabía cuál sería su reacción, ni si me odiaría o se reiría de mí o algo por el estilo. La verdad es que salió mejor de lo que esperaba. Se lo tomó bien, me sonrió y me animó a declararme a la persona (y sí, es una chica) que me gusta.

Así que creo que ya no me queda nada por contar en esta entrada. Todo está dicho y ya solo queda seguir adelante. Solo he querido agradecer a esta chica la buena reacción que tuvo conmigo y que ha sido en varios momentos un gran apoyo para mí.

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