50 razones para no casarse con un escritor #personal

En el metro lo pasan bomba, eligen a sujetos aleatorios y experimentan con ellos en su cabeza.

Es gracioso, porque es verdad.

¡Hey, buenas a todos! (no sé por qué, pero Willyrex me acaba de venir a la cabeza tras este saludo).

Estaba yo indagando por el grupo de Facebook llamado Wattpaders y me he encontrado un documento que contenía 50 razones para no casarse con un escritor (moriré sola, después de tantas razones). Y tengo que decir que con muchas de estas razones me he sentido identificada. Y con la que más es la que tenéis al principio de la entrada, la número 44.

Y es gracioso, porque es la pura realidad, al menos la mía. Siempre que viajo en transporte público (y digo transporte público porque el tren no lo suelo coger demasiado) miro a la gente que me rodea e invento historias para esas personas. Sí, es una manera de tener entretenida la mente y así tener material para cuando llegue a casa. Lástima que la mitad de las historias se me olviden al poco rato.

Escriben a diario y casi nunca te enseñan nada.

La número 18 es una regla básica de todo escritor. Tú puedes pasarte el día escribiendo que nada de eso verá la luz a no ser que esté genialmente escrito. Entonces, y solo entonces, será leído por una o dos personas. Ese es mi día. Mucho escribir y poco mostrar.

Cargan con cinco cuadernos, seis libretas y siete bolígrafos distintos allá dónde vayan.

Vale, tal vez no tan exagerado, pero estoy también de acuerdo con la número 22. Nunca se sabe cuándo puede venir la inspiración y hacerte escribir durante horas. Cuando voy al instituto, necesito llevar siempre mi cuaderno azul de escritura. Sin él, me siento vacía y no soy nadie. Muchas horas de convalidación me las paso así: me pongo la música de mi teléfono con los auriculares, saco un bolígrafo (preferiblemente negro) y abro el cuaderno por la última página usada. Y así hasta que suena el timbre.

Pasan más tiempo corrigiendo lo escrito que, en realidad, escribiendo. Sabrás que está en esas porque oirás suspiros, bufidos y un constante rechinar de dientes. Puede que también maldiciones tipo sacre bleu.

Tengo que admitir que es verdad. La número 47 es mi pura realidad. A lo mejor me habré pasado sólo media hora escribiendo algo de una página, pero para corregirla me tomo una hora o más tiempo. Siempre con un boli rojo a mano, me hago mis pequeñas anotaciones, corrijo esas pequeñas imperfecciones que no me gustan… Sí, es así.

Y bueno, hay muchísimas más razones para no casarse con un escritor (por favor, no las leáis, no quiero morir sola y rodeada de gatos), pero aquí he puesto sólo las razones con las que me siento más identificada.

Y, nada, eso es todo por hoy.

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