Adiós, personas tóxicas #personal

Realmente no tenía planeado hablar de este tema, la verdad. Ha sido algo que empezó a finales de octubre del año pasado y que, aunque ya en esa época me afectó, ayer ocurrió algo que me descolocó bastante.

Os pondré en situación (más que nada, porque es lo correcto). Como sabréis estudio en el Conservatorio. Éste es un mundo en el que yo siempre me he sentido muy a gusto por la gente que estudia allí, porque siempre me he sentido integrada, respetada y tal y cual.

Pero, como he dicho al principio de la entrada, ocurrió algo a finales de octubre de 2014 que me afectó en cierto modo.

Veréis, éramos un grupo de tres chicas que éramos muy amigas entre nosotras. Eso no implicaba que sólo fuéramos nosotras tres, no. Cada una tenía sus amigos y siempre podíamos separarnos en muchas ocasiones para estar con otra gente. Pero nosotras tres, y no, no pondré nombres para que, si en el desgraciado caso de que se encontraran con esta entrada, no se puedan enfadar conmigo porque no podrán afirmar que son ellas sin una prueba. Así que pondré Manuelita y Menganita.

Siguiendo. Nosotras tres éramos un grupo muy bien formado, que cuando una iba a nosedónde, las otras dos la seguíamos. Hasta que llegó una chica que, con sus tonterías y chorradas nos ganó, a quien llamaremos Tontita. Y ojo, a mí también me ganó, me gustaba estar con ella. Pero al parecer yo nunca le caí lo suficientemente bien como para poder estar con ella.

Así que, ¿qué hizo? Empezó a apartarme del grupo. Cogía a Manuelita y a Menganita y se las llevaba del brazo a nosedónde diciéndome que “Vamos a nosedónde, ahora venimos” con una sonrisa más falsa que…

Realmente yo me sentí muy desplazada, la verdad. Me sentí apartada porque, a partir de entonces, Manuelita y Menganita (es que encima, con estos nombres, suena a chorra) empezaron a hablarme menos, si yo me apuntaba a ir a algún sitio con ellas me hacían muecas raras…

La cosa es que, a principios de noviembre de 2014, más o menos cuando todo esto ocurrió, empecé a juntarme con otras personas de la clase, a quienes llamaremos Pizza, Polvorón, Saxofón y Humanística (sé que Pizza, que a veces lee este blog, sabrá que estoy hablando de ella). Y rápidamente empecé a sentirme mejor, porque yo sentía que ahí estaba bien, que se me quería y que no me echarían.

Desde entonces siempre estaba con ellas. Cuando había un descanso nos buscábamos e íbamos juntas a donde fuera. Sí, nos hicimos amigas.

No sé cuándo fue que decidí hablar con Manuelita sobre lo ocurrido. Creo que fue pasadas las fiestas de Navidad. Sí, creo que fue por enero de 2015. Yo necesitaba contarlo, porque aquello me quemaba por dentro. Le pregunté si podíamos hablar en privado y se lo conté. Ella me dijo que estaba loca, que nadie la había apartado, que siempre que quisiera podía ir con ellas. Lo jodío fue cuando me dijo que fui yo la que se marchó del grupo. No quiero ni imaginarme qué hubiera pasado si la hostia que quería meterle se la hubiera dado de verdad.

Yo decidí dejarlo ahí. No quise seguir hablando del tema pero decidí que, a partir de entonces, dejaría de ir con esas personas que, aparte de no quererme a su lado, me echaban a mí las culpas por lo sucedido. Así que seguí al lado de Pizza, Polvorón, Saxofón y Humanística. Eran (eran y SON) cuatro chicas que me hicieron reír en muchísimas ocasiones, me apoyaron cuando yo tenía un mal día, estaban a mi lado en las duras y en las maduras. En definitiva, cuatro chicas increíbles que hicieron que mi último año entero de Conservatorio fuera uno de los mejores que he tenido.

Decir que a partir de entonces perdí casi todo contacto con Manuelita, Menganita y Tontita. Sí, sigo teniendo sus números de teléfono por si, en caso de necesidad extrema, tengo que contactar con ellas por lo que sea.

Y ayer, que tenía clase en el Conservatorio, las vi sentadas en el banco, esperando para entrar a su respectiva clase. Me acerqué, las saludé con una sonrisa y ellas, tras decirme el típico Hola de cortesía, pasaron completamente de mí, sin decirme nada más. Siguieron a lo suyo.

Y ahí me di cuenta de lo buenas amigas que fuimos y de lo gilipollas que fui yo de creerme que hubo amistad un día. Me sentí mal, no os voy a mentir, porque me pareció un gesto muy feo. Yo fui con una alegría “obviamente fingida” para entablar una conversación, aunque fuera de cosas triviales. Y esperaba un poco más de habla, que me preguntaran o yo preguntar… Y realmente me asqueó esa actitud.

Sí, me sentí mal, pero a la vez me alegré de haber roto aquellos lazos “amistosos” que mantenía con ellas para poder “atarme” a otras personas que realmente calaron en mí, que me apoyaron, que me hicieron reír, que me animaron… como lo hicieron Pizza, Polvorón y Saxofón.

Y éste es el resumen. Sé que llevaba un tiempo largo sin publicar nada de este estilo más personal, y también decir que, como he dicho en la primera frase de esta entrada, ni siquiera iba a publicarlo. Pero me sentía en la necesidad de hacerlo, de sacarlo de mí. Y me ha ayudado bastante, la verdad.

Ah, y una moraleja de toda esta historia es

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