BookTag: El juego de las frases literarias #TAG

¡Hola!

Sí, hoy regreso con un BookTag. Lo cierto es que el primero que hice me gustó realizarlo, y he decidido aventurarme con otro.

Y ahora mismo os explico en qué consiste este BookTag. Es muy simple, la verdad. Consiste en seleccionar 10 libros que a mí me gusten, y de cada uno de ellos coger una palabra que me indican los enunciados. Es decir, del libro X tengo que coger la palabra de la página 1 y la línea 4, por ejemplo. Y una vez tenemos todas las palabras, hay que formar una historia con todas ellas.

Antes de empezar con el TAG, tengo que avisar que el formato de mis libros son Epub, por lo que es probable que si miráis en vuestros libros de papel, la palabra cambie.

Y eso es todo. Allá vamos.


1

Página 10, línea 11

Fulminado por un rayo = Recuerdo


2

Página 25, línea 4

El corredor del laberinto = Llamada


3

Página 38, línea 2

Desconexión = Bailar


4

Página 24, línea 20

Dos velas para el diablo = Mañana


5

Página 51, línea 15

El coleccionista de relojes extraordinarios = Cristal


6

Página 66, línea 6

Los días que nos separan = Preocupación


7

Página 77, línea 7

La huida = Vida


8

Página 86, línea 16

Donde los árboles cantan = Perdonarte


9

Página 69, línea 9

Coraline = Tropezaba


10

Página 100, línea 1

Soy el número cuatro = De sopetón


Y con estas palabras he conseguido crear esta pequeña historia:

Elisabeth se levantó por la mañana, soleada y despejada de nubes. Parecía como si la vida le sonriera, ¿verdad? Pero no era así. Elisabeth tenía una presentación de baile aquella tarde. Deseó no haberse despertado.

Fue hasta la cocina para llenar su estómago con el desayuno. Su madre atendía una llamada mientras masticaba las tostadas. La miró… la miró… hasta que colgó el teléfono. Supo lo que venía a continuación.

– Te recuerdo que hoy tienes tu presentación de baile, Eli. Debes bailar fantásticamente bien, hoy.

– Sí, mamá.

No quiso añadir nada más. Sabía que cuando su madre se ponía así, Eli tropezaba muchas veces con las palabras, así que prefirió quedarse en silencio.

De sopetón, su propio teléfono sonó. Era una alarma que se había instalado para saber cuándo salir de casa, camino al ensayo. Se despidió de su madre y se internó en la calle, mientras la preocupación por no estar a la altura iban en aumento.

Llegó a la academia y se atavió con el uniforme. Acarició el cristal de su colgante, sólo para intentar calmarse, aunque no lo consiguió. Inspiró y dejó que las primeras notas de su canción de baile, “No puedo perdonarte“, la inundaran por completo.

 

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