Soy un cristal que se está rompiendo #Personal

– Mi filosofía es sencilla: intento aguantar hasta el lunes y procuro siempre sonreír.

– ¿Y qué haces cuando llega el lunes?

– Vuelvo a repetir.

Hola.

Hoy vuelvo con uno de esos post más personales, más míos y fuera del personaje que soy aquí en este blog. Pero es que me veo en la necesidad de expresarme de alguna manera y no veo mejor manera de hacerlo que con las palabras.

También sé que, como lo voy a escribir sobre la marcha, habrá párrafos que no tendrán sentido con el anterior y siguiente, y que será un perfecto desorden que no tendrá ni ton ni son.


Yo, a pesar de nunca haberme descrito con estas palabras, algunos amigos míos sí lo hacen. Y dicen de mí que soy un cristal, algo tan frágil que se puede romper incluso con el más pequeño grano de arena. Y últimamente me estoy dando cuenta de la gran verdad que hay en esa descripción.

Veréis, yo soy alguien que, si ocurre algo, lo paso muy mal. Las cosas me suelen afectar mucho y además está el hecho de que me lo callo durante mucho tiempo y eso acaba explotando dentro de mí en algún momento. Y eso es lo que está pasando actualmente en mi vida.

Yo nunca he sido una persona muy social, las cosas como son. No voy a mentiros, me cuesta mucho relacionarme con la gente por mi timidez y demás. A parte, cuando estoy con la gente, ésta tiene que tirar de mí (en algunas ocasiones) porque me suelo esconder. Por eso, cuando alguien me empieza a ignorar o a excluir, yo lo paso fatal, porque es como si estuviera siendo rechazada.

Y así empieza esta historia. Una pobre chica que empezaba a sentirse integrada entre dos chicas y ahora está siendo abandonada.

Cuando empecé en el centro donde estudio, me sentía bien. Estas dos chicas (pongámosles apodos. Brócoli y Lechuga, enga. Que no se diga que no soy creativa ni pierdo el sentido del humor incluso en los peores momentos) y yo siempre íbamos juntas hasta la escuela, charlando animadamente sobre cualquier tema. Éramos un grupito que, en fin, funcionaba.

Pero últimamente noto cómo me apartan. Y no lo hacen directamente, en plan “Vete de aquí, no te queremos con nosotras”. Pero están los pequeños gestos que, poco a poco, te van afectando todavía más.

Llegamos una por una al lugar, a la estación. Es decir, primero llega Brócoli, luego llego yo y finalmente Lechuga. Antes, cuando llegaba y me encontraba a Brócoli, siempre había una charla entre nosotras. De lo que fuera, pero hablábamos. Ahora ya no. Ahora me ignora por completo, atendiendo asuntos del teléfono, como WhatsApp o Twitter o lo que sea. Y hasta que no llega Lechuga no se anima.

Que yo puedo entender que entre ellas haya una amistad mayor que la que puedan tener conmigo. Entre ellas hay una afinidad mayor, ya sea por gustos o porque ambas son más animadas y charlatanas… Pero, tío, no soy una pared, un muro al que ignorar. Que estoy ahí, ¿sabes? Puede que conmigo los temas de los que hablar sean distintos, pero no por ello debo ser rechazada de esta manera.

Y luego en clase, que nos sentamos las tres en la misma mesa, colocan una silla extra entre Brócoli y yo con la excusa de tener un sitio donde dejar las mochilas. Mentira. Lo hacen para crear una barrera entre nosotras y estar aisladas de mí.

O, por ejemplo, cuando llega la hora del patio, sigo sin existir. Se embarcan en conversaciones con el resto de la clase y a mí me dejan a un lado. Casi como si yo fuera un florero. Algo que siempre está ahí pero que no merece nuestra atención.

Lo peor de todo es que incluso hemos llegado a un punto en que ni siquiera me esperan para volver juntas hasta la estación. En cuanto acaba la clase, recogen sus cosas y se marchan juntas. Como acabo de decir, como si yo no estuviera ahí.

Yo lo reconozco. Soy demasiado buenaza y me clavan el puñal multitud de veces por ello. Porque saben que yo no seré capaz en la vida de decir lo que está sucediendo. Pero una cosa es ser “buena persona” y la otra es ser tonta. Y yo no lo soy. Porque aunque me sonrían, yo sé lo que está pasando.

Incluso, ha llegado a un punto en que no soy la única que lo ve. Cinco compañeros míos de clase me apartaron del resto un día y me preguntaron si había pasado algo con Brócoli y Lechuga. Yo mentí, fingí que todo estaba bien. Y aunque no terminaron de creerme, me dijeron mil veces que para lo que quiera y necesite, puedo confiar en ellos.

Puede que quien lea ésto piense que no es para tanto. Y, para qué engañaros, la Mireia del pasado, la que fui en su momento, también lo pensaría. Que tal vez estoy haciendo una montaña de un grano de arena. Pero la Mireia de ahora no piensa así. Y, ¿sabéis por qué no piensa así? Porque es quien lo está viviendo y sufriendo. Día tras día.

Como he dicho, cada vez creo más las palabras de mis amigos, los que me describen como un cristal que puede romperse en cualquier momento. Lo creo, porque estos pequeños gestos que estoy recibiendo últimamente me están destrozando poco a poco. Y no estoy preparada para sufrir ésto una segunda vez. De hecho, me está costando terminar de escribir ésto sin sentir las lágrimas en mis ojos.

Intentaré hablar cuanto antes con Brócoli y Lechuga, porque puede que me estén haciendo este “bullying” por algo que yo les puedo haber hecho y yo no tener idea. Quiero decir, a lo mejor me están excluyendo porque yo les hice algo y yo no saberlo porque en su momento a mí no me pareció algo malo. Pero no quiero que esta situación se alargue.


Como he dicho al principio de todo, lo más probable es que esta entrada no tenga un orden lógico entre párrafo y párrafo, porque tal y como me venía a la mente lo plasmaba sobre el papel (metafóricamente hablando).

Sólo ha sido una manera de expresar ésto que me está pasando, para no guardármelo tan dentro de mí y expulsar un poco el dolor de lo que está bailando dentro de mí.

También es una manera de decir a todos aquellos que lo están sufriendo, cualquier tipo de acoso escolar, que lo manifieste, que no se lo calle. Porque callárselo es peor.

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2 comentarios en “Soy un cristal que se está rompiendo #Personal

    • Muchas gracias por el comentario.
      Eso haré, era mi intención desde que he visto cómo esta situación iba en augmento.
      Y eso de que todos evolucionamos, no podría estar más de acuerdo contigo. Yo misma puedo ver, si me analizo a lo largo de los años, cómo he ido cambiando. Si esta situación la hubiese vivido tiempo atrás, mi reacción sería completamente distinta. No puedo decir si mejor o peor, pero distinta sí. Por ello, creo que ahora mismo la mejor solución es atacar directamente el problema de raíz y comentárselo a estas dos chicas, como bien tú dices en tu comentario.

      De nuevo, gracias por el comentario y por darme estos ánimos 🙂

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