A ti, Mariona, te dedico esta carta #TextoLiterario

A ti, Mariona, te dedico esta carta.

Me enamoré de ti. Al principio solo eras esa mejor amiga que toda persona desea tener: una confidente, una acompañante… Ya sabes, mi mejor amiga.

No eras solo una cara guapa. No eras solo cabellos castaños con esos reflejos dorados. No eras solo esa sonrisa que me tenía encantada. No eras solo un cuerpo esbelto. No eras solo eso.

Tampoco eras solo una mente inteligente. No eras solo música para mis oídos. No eras solo amabilidad. No eras solo empatía con la que podía contar. No eras solo eso.

Eras un conjunto formado por pedazos de cielo, un conjunto que creaba el Paraíso.

No sé cómo sucedió. Supongo que la culpa es un poco de ambas. Yo estaba descubriendo mi orientación sexual, mi inclinación por ambos sexos. Y tú estabas ahí, siempre disponible para mí, con esa sonrisa que me encantaba, con esos ojos brillantes de aventura.

Poco a poco me fui enamorando de ti. No sé cómo pudo llegar a pasar. Pero a medida que pasaba el tiempo, mis sentimientos por ti iban aumentando, cada vez más intensos. Poco a poco, fuiste dejando de ser esa amiga para pasar a ser ese amor prohibido.

Pero, ¿recuerdas qué pasó hace cuatro años, cuando nos separamos? Llegó esa chica que, de manera (in)directa te fue apartando de mi lado y, a la par, apagando nuestra amistad. No nos dimos cuenta, pero llegó un momento en el que nuestros WhatsApp’s desaparecieron. Tu nombre está al final de mi lista de contactos. Llegó un momento en el que ya casi ni nos hablamos. Llegó un momento en el que otras personas ocuparon tu lugar en mi vida y mi lugar en la tuya.

Pero supongo que también recuerdas el cómo me expulsaste de tu lado. Cuando charlamos sobre el tema y me dijiste que la culpa había sido mía. Ahí me di cuenta que las amistades no duran para siempre, al contrario de lo que nos quieren hacer creer las películas de Hollywood. Que lo nuestro había acabado.

¿Y después? ¿Cuando yo te saludé y tú me giraste la cara? Ahí todo terminó. Definitivamente. Pero no sufrí. Ya lloré por mi pérdida en su debido momento, y cuando me ignoraste, simplemente seguí mi camino, dejando atrás la piedra que ahora eras y que no debía seguir portando a cuestas.

Sin embargo, me quedé con las ganas de confesarme. Me quedé con las ganas de decirte lo mucho que significaste para mí. Lo mucho que te aprecié. Lo mucho que te quise. Me quedé con las ganas de besarte, de probar tus labios aunque solo fuera una vez. Me quedé con las ganas de rozar tu cuerpo y que no fuera solo por un abrazo entre amigas. Me quedé con las ganas.

Sé que esta carta jamás acabará en tus manos. Podría, porque ya se sabe, el destino es caprichoso. Sería divertido, ¿no crees? Que leyeras estas palabras que te estoy dedicando y que, si quisieras, habláramos sobre ello. Pero pronto aprendí que el destino es cruel, y no suele jugar a tu favor.

Por eso, Mariona, te dedico estas palabras. Porque me quedé con las ganas. Porque marcaste mi vida de alguna manera que todavía no sé cómo catalogar.

A ti, Mariona, te dedico esta carta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s