A ti, Pol

A ti, Pol, te dedico esta carta.

Me enamoré de ti. Sí, de hecho fuiste (eres) mi primer amor.

No sé en qué momento sucedió, pero pasaba el tiempo y yo notaba cada vez más que esa amistad que nos profesábamos empezaba a ser solo en una dirección: de ti hacia mí.

Tenías 12 años cuando te conocí. ¿Lo recuerdas? Yo tenía 14 cuando apareciste en mi vida, en el aula 3A6 del conservatorio. Aunque… no. Me he equivocado con el lugar. No, tú y yo nos conocimos en el rellano del primer piso, una de tantas tardes que terminamos compartiendo. Ahí fue cuando empezamos a hablar, a darnos cuenta de lo bien que nos llevábamos.

Nunca podré olvidar las mil sonrisas que me sacaste, daba igual mi estado de ánimo. Nunca podré olvidar las mil lágrimas que me secaste, daba igual mi estado.

No sé cómo sucedió. No eres el chico más guapo que haya conocido, no eras nada del otro mundo. Aunque, realmente, ¿quién lo es? Pero sé lo que sí eras: eras simpatía pura, eras sonrisas a todas horas, eras apoyo constante, eras… eras TODO.

Poco a poco me fui enamorando. Sabía que lo nuestro nunca existiría, que jamás tendría yo el valor de declararme ni tú de fijarte en una chica como yo. Y sin embargo yo no podía olvidarte.

El tiempo pasaba y nuestra amistad no descendía, al contrario, aumentaba. Cada verano esperaba con ansias el inicio del curso solo para verte, para disfrutarte. Tenía ganas del primer día porque sabía que pasaríamos horas hablando, de lo que fuera.

Sin embargo, algo sucedió el curso 2015/16. ¿Qué pasó? ¿Qué nos pasó? Por temas escolares, yo no podía asistir presencialmente al curso, así que lo hice por correo, presentándome a los exámenes. Ahí nuestra relación empezó a decaer. Al no vernos tan seguido, nuestras conversaciones empezaron a desaparecer. Nuestras charlas por WhatsApp también lo hicieron. Cada día que pasaba ibas transformándote, poco a poco, en un fantasma del pasado que no en un amor del presente. Hasta que ya no hubo nada. Ni conversaciones cara a cara, ni WhatsApps.

Pero esta carta no existiría si no fuera por las ganas de explicar todo lo que me has hecho sentir. Las ganas de explicar lo mucho que me importas. Las ganas de explicar lo mucho que me hubiera gustado ser más valiente y robarte ese beso que tanto me quema en los labios. Las ganas de explicar lo mucho que me gustaría volver a hablar contigo. Las ganas de explicar.

Y esta carta tampoco existiría si no fuera por el increíble deseo que tengo de confesar que te quiero. Necesitaba decírtelo, aunque fuera seis años más tarde. Necesitaba decirte que eres mi primer amor, que nunca ha habido un chico como tú en mi vida. Necesitaba decirte.

Me encantaría ser más valiente, y tener el valor de enviarte un enlace a esta carta y que la leyeras. Me encantaría que te sintieras identificado, y que lo habláramos. Me encantaría.

Si por un casual, solo por un casual, el destino jugara a mi favor y me ayudara a reencontrarme contigo. Si por un casual.

A ti, Pol, te dedico esta carta.

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